
Durante la gestación, el espíritu, antes la encarnación observa y va creando las condiciones propicias para su encarnación, conservando las capacidades, la psicología y el estado mental de la vida precedente.
En la medida que toma la firme determinación, por afinidad, o porque es importante vivir en una nueva célula familiar. Gradualmente va olvidando su real naturaleza divina, y se va sumergiendo en un sueño, desarrollando inconscientemente las fibras, los fluidos, el sistema linfático, nervioso y los centros motores de su nueva naturaleza material ególatra, los valores y las leyes que regirán la vida que él programó conscientemente antes la encarnación en el cuerpo peri espiritual, o etéreo.
Para emanar, crear este proceso misterioso de la existencia, y de la materia, el espíritu que no tiene forma ni nombre, Absoluto, emana una tercera polaridad de energía constructiva y destructiva, como un cuerpo cuatridimencional, que marca el comienzo y el fin de la existencia planetaria en todos los seres vivientes en las dos polaridades, en la dualidad.
Esta energía, la antimateria, controlada por el espíritu divino, está en el macrocosmos y el microcosmos, invisible a los ojos humanos, sincronizada perfectamente para su bien marcado propósito de crear y destruir las formas, los universos, los sistemas solares y los mundos, en lo finitamente pequeño y en lo finitamente grande.
Solamente el espíritu, es capaz de controlar su emanación, o creación, no hay ninguna artefacto o máquina que el hombre pueda crear para atrapar una sola partícula de antimateria, partícula inteligente que mora en toda las especies, universos y mundos, y en este contexto solamente es el hombre su propio laboratorio, ciclotrón, para saber y conocer esta energía desconocida por la ciencia, de la cual se derivan todas las energías, fluidos, magnetismo ya conocidas y comprobadas en el laboratorio, del puntaje, reducción y prueba.
Energías utilizadas, y controladas por los grandes magos (Maestros espirituales) que existieron hace miles de años en este planeta, o en otros.
Una sola micra partícula de antimateria que pueda liberarse de las leyes que la contienen, una sola micra partícula puede hacer desaparecer cientos de kilómetros de materia.
En esta energía desconocida, radica la encarnación del espíritu en los mundos materiales o etéreos. Esta es la chispa, la antimateria, cuerpo cuatridimensional del espíritu, el círculo, que domina la tercera dimensión de las formas, los dos triángulos entrelazados. Símbolos que esconden una enigmática y misteriosa realidad, pero que no tienen ningún poder para aquellos que se aferran a estos.
Hno. Rodolfo